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16 de julio de 2026 · Juan Diego Cárdenas Sepúlveda

Más allá de los partidos:una red de líderes en ética democrática

El partido es un andamiaje antiguo para la diversidad de pensamiento. La Red DEM apuesta por otra lucha: formar líderes en civismo, oratoria, criterio y, sobre todo, ética democrática.

Red DEMLiderazgo estudiantilÉtica democráticaPrograma Delfín
Gansos volando en formación en V: el liderazgo rota — cada ave toma el frente por turnos — y la bandada llega más lejos que cualquier individuo. Foto: John Benson, CC BY 2.0, Wikimedia Commons.

El artículo anterior de esta serie cerró marcando un límite honesto. Una reunión estudiantil puede tener acta, quórum y seguimiento —puede ser, con Habermas (1998), plenamente válida— y aun así reproducir una jerarquía si quien la conduce nunca aprendió a habitar el poder que ejerce. La validez la produce un procedimiento bien hecho; la legitimidad la produce quien delibera de verdad. De ahí que «Carisma y voluntad sin forma ni guía» dejara abierta una pregunta que ningún formato, por sí solo, puede responder: cuando el encuentro por fin deja huella, ¿quién lo sostiene, con qué formación y con qué ética? Este artículo explora esa respuesta, y empieza por descartar el lugar donde la política suele buscarla.

La lucha no es partidista: es la formación

El reflejo instalado es asociar la vida democrática a la militancia: para incidir hay que tomar partido, y tomar partido significa afiliarse a uno. Esa ecuación tiene un supuesto que conviene nombrar. El partido político es un andamiaje antiguo —para el propósito de sostener la diversidad de pensamiento, incluso anacrónico—: agrupa voluntades por bandera antes que por criterio, y pide lealtad a una etiqueta antes que deliberación sobre los hechos. No se trata de si el trabajo es de izquierda o de derecha; se trata de que la afiliación, como mecanismo, ordena mal el problema. La diversidad de pensamiento no se cultiva pidiéndole a cada quien que escoja un bando, sino formando su capacidad de pensar.

Hay un segundo hábito que sostiene al primero, y es electoral. La gente vota por la promesa del candidato —una proyección de futuro, lo único que aún no se puede verificar—. El mecanismo razonable de elección debería descansar en hechos, y el hecho más demostrable es el trabajo, particularmente en el sector público. Ahí aparece un malentendido caro: suponer que quien administró bien un negocio administrará bien lo público, como si fueran la misma destreza. Lo privado se mide, legítimamente, en ganancia; lo público exige precisamente no pensar siempre en esos términos. Muchas obligaciones del Estado se miden en dignidad humana, o se despliegan en décadas, en horizontes donde los cambios de gobierno difuminan los efectos y ninguna hoja de balance trimestral alcanza a registrarlos. Quien solo sabe leer ganancia no sabe leer ese trabajo.

De ahí la tesis que atraviesa este texto: la lucha no es partidista, la lucha es la formación. No formar militantes, ni oradores de concurso, ni ganadores de una elección escolar: formar personas capaces de leer el poder, de evaluar por hechos y de sostener un criterio propio. Es una apuesta menos vistosa que una campaña, y más difícil de institucionalizar, porque no se mide en votos ni en un acta.

Qué se forma: una lista con corona

Conviene ser preciso sobre qué significa «formar», porque el borrador de este mismo argumento cometía antes un error que aquí se corrige. No hay que oponer la ética a la oratoria. Formar a un líder estudiantil supone un repertorio completo y legítimo: civismo, liderazgo, oratoria, convocatoria, negociación, criterio y —por encima de todos, ordenándolos— ética democrática. La ética no reemplaza a la oratoria ni la vuelve sospechosa: la corona. Es lo que decide al servicio de qué se pone la palabra bien dicha.

La distinción importa porque la oratoria, aislada, es una tecnología moralmente neutra. Arnstein (1969) ubicó la manipulación en el peldaño más bajo de su escalera de participación, y advirtió que «la participación sin redistribución del poder es un ritual vacío»; ese ritual puede ser, de hecho, extraordinariamente elocuente. La elocuencia no distingue entre una deliberación genuina y una simulación bien producida: lo que las distingue es la ética del poder que hay detrás. Por eso la oratoria pertenece a la lista —un líder que no sabe hacerse entender no lidera— pero no la encabeza.

Freire (1969) llamó concientización al proceso que habilita al sujeto para «nombrar su realidad y actuar sobre ella». Formar un líder en ese sentido no es entrenar su capacidad de convencer, sino su capacidad de nombrar primero dónde vive el poder —qué decide el rector, qué el consejo directivo, qué queda realmente en manos de los estudiantes— y solo después, sobre esa lectura, ejercer la palabra. La secuencia es la de toda la lista: la técnica se aprende, pero se subordina al criterio que la orienta. «Más allá del voto» ya había registrado en campo un indicio de que esa materia prima existe: los grupos de oratoria y debate que mejor funcionaban estaban «liderados por estudiantes que no destacaban académicamente pero sí en habilidades de liderazgo e inteligencia interpersonal» (Cárdenas Sepúlveda, 2025a). La capacidad estaba ahí, sin premio del sistema académico. Lo que faltaba no era técnica: era un marco ético que la orientara.

La Red DEM: una comunidad, no una figura

Ese marco es lo que la Red DEM se propone sostener. Su propósito, dicho sin rodeos, es doble. Hacia afuera: promover la realización de espacios de deliberación y participación ciudadana efectiva que aporten a la construcción de una cultura de paz sostenible. Hacia adentro: consolidar a sus integrantes como una red de líderes, e instruirlos en normas morales y éticas efectivas que promuevan una democracia verdadera —no la que se agota el día de la elección, sino la que persiste en el ejercicio cotidiano del cargo.

La Red DEM es, en sentido literal, una red: agrupa a cuatro instituciones educativas —el Instituto Técnico Mercedes Ábrego, el Carlos Pérez Escalante, el Luis Carlos Galán Sarmiento y el Colegio Integrado Simón Bolívar—, junto con exalumnos, estudiantes actuales y aliados pedagógicos. Conviene ser honesto sobre las fases: el Luis Carlos Galán Sarmiento inició como piloto en junio de 2026 y el Colegio Integrado Simón Bolívar está todavía en exploración, sin implementación operativa. Que sea una red y no la trayectoria de una figura individual es coherente con lo que la propia comunidad busca formar. Fals Borda (1985) insistió en que el conocimiento —y el poder que produce— se co-construye con la comunidad que lo vive, no se extrae ni se concentra en quien mejor habla. Un liderazgo que se distribuye entre varios resiste mejor la tentación que la escalera de Arnstein describe en sus peldaños más bajos: la de concentrar en uno el poder que debía repartirse.

Esa misma cautela ordena toda la apuesta: lo que se rechaza no es el liderazgo, sino el protagonismo —la figura que acumula visibilidad y, con ella, poder informal no sometido a control—. Es la lectura de Fals Borda (1985) llevada a la práctica: el conocimiento y el poder no se concentran en quien mejor habla, se co-construyen con la comunidad que los ejerce. Por eso la Red DEM no es la plataforma de un liderazgo individual: es, literalmente, una estructura colectiva, distribuida entre instituciones, exalumnos y aliados, ninguno de los cuales la encabeza en solitario.

Sobre esa apuesta hay que ser preciso, porque la honestidad del argumento depende de ello. Hoy, la actividad concreta de la Red se reduce a charlas informales con personas interesadas en modelos tipo MUN. No hay todavía talleres, ni currículo, ni encuentros formales de formación en ética del poder. Este artículo, por tanto, no describe un programa en marcha: describe una propuesta, una apuesta cuyo desarrollo apenas empieza. Nombrarla como algo más consolidado sería faltar a la verdad que la propia Red pide sostener.

Del acta al liderazgo: cerrar el puente

Con esto se cierra el argumento que la serie venía tejiendo. «Carisma y voluntad sin forma ni guía» mostró que una herramienta puede darle a un encuentro la forma que necesita —acta, compromiso, seguimiento—, pero que la forma no es la sustancia: un procedimiento produce actas válidas, no decisiones legítimas. La Red DEM es la respuesta al «quién» que la forma procedimental no puede resolver por sí sola. No un curso adicional de habilidades blandas, sino el espacio donde la ética democrática se practica antes de investirse de autoridad, y donde la lista completa —civismo, oratoria, negociación, criterio— encuentra la corona que la ordena.

Ese mismo principio es el que busca sostener la Fundación DEM —hoy en proceso de constitución—, pensada para acompañar a esta comunidad más allá del ciclo escolar: diseñar, acompañar e investigar programas educativos que fortalezcan la democracia, la participación ciudadana y el liderazgo democrático. Entre sus apuestas están los modelos deliberativos, el acompañamiento de vocaciones cívicas en distintos ciclos de formación y la construcción de paz sostenible como eje transversal. No es cómoda: es, tomada en serio, la parte del Modelo DEM más difícil de institucionalizar, porque su medida no es un acta ni un voto, sino un criterio formado.

Bibliografía

1. Habermas, J. (1998). Facticidad y validez: Sobre el derecho y el Estado democrático de derecho en términos de teoría del discurso (M. Jiménez Redondo, Trad.). Trotta. (Obra original publicada en 1992)

2. Arnstein, S. R. (1969). A ladder of citizen participation. Journal of the American Institute of Planners, 35(4), 216–224. https://doi.org/10.1080/01944366908977225

3. Freire, P. (1969). La educación como práctica de la libertad (L. Ronzoni, Trad.). Siglo XXI. (Obra original publicada en 1965)

4. Cárdenas Sepúlveda, J. D. (2025a, 15 de mayo). Fortalecimiento de la ética democrática y la participación estudiantil a través de la formulación de estrategias didácticas innovadoras para optimizar la gestión de personeros y contralores en las instituciones educativas de Cúcuta [Ponencia de avance de investigación, Semillero de Investigación Antiviolencia (SEMANVI), Universidad de Santander]. XI Encuentro Departamental de Semilleros de Investigación (EDESI), Red Colombiana de Semilleros de Investigación (RedCOLSI), Nodo Norte de Santander, Villa del Rosario, Colombia.

5. Fals Borda, O. (1985). Conocimiento y poder popular: Lecciones con campesinos de Nicaragua, México y Colombia. Siglo XXI.