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15 de julio de 2026 · Juan Diego Cárdenas Sepúlveda

La estructura interna del Modelo DEM:el formato de debate y el ciclo anual

Casi toda «participación escolar» termina en el aplauso. La del Modelo DEM termina en un documento votado que viaja a donde se toman las decisiones. Aquí está su estructura interna: el formato de debate fase por fase y el ciclo anual que no se cierra con el evento, sino con la medición.

Formato DEMCiclo DEMComités DEMModelo DEM
La Piedra de los Doce Ángulos en el muro inca de Hatun Rumiyoc (Cusco, Perú): cada pieza tallada encaja con las demás y la estructura se sostiene sola a través de los siglos. Foto: WMrapids, CC0, Wikimedia Commons.

El Modelo DEM (Cárdenas Sepúlveda, 2025b, 2025c) no es un cargo adicional en el gobierno escolar ni un evento aislado en el calendario: es un dispositivo deliberativo completo, análogo en su lógica a los modelos de Naciones Unidas (MUN) que se practican en colegios de todo el mundo.

Por qué la participación juvenil colombiana necesita un dispositivo así —y no le basta la infraestructura legal y curricular que ya tiene— es la pregunta que fundamenta el ensayo «Más allá del voto». Este artículo da un paso distinto: explica, con el detalle que allí no cabía, cómo funciona el modelo por dentro — su formato de debate, su ciclo anual y los instrumentos con los que mide sus resultados.

El formato DEM

El formato DEM es el mecanismo de debate que se ejecuta dentro de cada comisión: un espacio integrado por delegaciones de varios estudiantes que representan una posición o un actor determinado, se expresan en lenguaje parlamentario — se pide la palabra, se dirige la moción a la mesa directiva, no se interrumpe a quien tiene el uso de la palabra — y trabajan bajo tiempos cronometrados que impiden que una sola delegación acapare la discusión. La secuencia avanza por tres fases — SAE, CAP y APR — articuladas por dos elementos: el EVA, el punto de partida que habilita la deliberación, y el CPR, el documento puente entre el debate y la votación.

SAE — la situación de atención especial

La situación de atención especial (SAE) abre la sesión: busca visibilizar una problemática y dar a conocer puntos de vista críticos sobre ella, preferiblemente desde fuentes informadas sobre los hechos de fondo — distinguiendo los hechos de las opiniones personales, sin desconocer el valor de estas. Presenta el tema a la comisión mediante una exposición rigurosa y documentada y da paso a los discursos de apertura de cada delegación: allí se conocen las posiciones, se siembran las primeras sensaciones de acuerdo y se hace manifiesta la voluntad de los integrantes. El mejor discurso de apertura se premia — un incentivo deliberado para que hablen muchos y no solo uno: el formato busca ampliar el número de voces que se arriesgan a hablar en público, no premiar a quien ya lo hace con soltura.

EVA — el punto de partida

El EVA (enunciado de valoración argumentada) no es, en rigor, una fase: es el elemento que da inicio a la deliberación. Pone a consideración de las delegaciones una propuesta de solución al problema planteado en el SAE — puede entrar por iniciativa de un estudiante o de la propia mesa directiva, y su origen importa menos que su función: ser el punto de partida que habilita la deliberación real. Esa propuesta no se ofrece como conclusión cerrada, sino como un enunciado en transformación — de ahí su segunda acepción dentro del modelo: espacio vivo de acuerdos.

CAP — la confrontación argumental pública

En la confrontación argumental pública (CAP) las delegaciones toman posición frente al EVA: elevan enmiendas y tachas a la mesa directiva — proponen modificar o suprimir partes del texto — y someten cada modificación a votación, en una dinámica de réplica y contrarréplica que busca disuadir y convencer, no aplastar. El nombre no es casual: la confrontación es pública y argumental — se debate a la vista de toda la comisión y con razones que quedan registradas, no a puerta cerrada ni por la fuerza del número. Es en el CAP donde una opinión individual puede consolidarse en una posición colectiva legitimada por la propia comisión.

CPR — el compilado de propuestas resolutivas

Lo que sobrevive a la confrontación se compila. El compilado de propuestas resolutivas (CPR) no es, tampoco, una fase: es el documento puente que emerge de la CAP. Recoge las propuestas y enmiendas que superaron la confrontación, todavía sin votarse en conjunto — el estado intermedio entre el debate y el acuerdo — el texto ya construido entre todos, a la espera de la votación final.

APR — el acuerdo de propuestas resolutivas

El acuerdo de propuestas resolutivas (APR) cierra la secuencia: apenas el CPR se aprueba por la mayoría de las delegaciones se convierte en APR, recogido en un solo documento. Es ese documento — no un acta simbólica, sino el resultado formal de la deliberación — el que viaja, por el canal correspondiente, hacia el órgano decisorio de la institución (Cárdenas Sepúlveda, 2025b). El representante de los estudiantes ante el Consejo Directivo lleva así la voluntad estudiantil por los medios formales — descentralización del poder: asociación, delegación de poder y control ciudadano en los términos de Arnstein (1969). Y el control ciudadano se ejerce, en concreto, a través de la medición de resultados, a cargo del semillero de investigación que sostiene el marco epistemológico e investigativo del modelo.

El andamiaje: el ciclo DEM

El formato descrito arriba no ocurre en el vacío: se ejecuta dentro de un programa anual que atraviesa toda la institución educativa — el ciclo DEM —, organizado en tres macrofases sucesivas y sostenido por dos comités. Esta sección recorre ese andamiaje: las macrofases que estructuran el año y los comités que lo hacen posible.

Las tres macrofases: exploración, implementación y medición

La macrofase de exploración abre foros digitales y presenciales — estudiantiles en su origen y, desde 2026, también docentes y de padres de familia — concebidos deliberadamente como espacios de escucha activa y no de contradicción. Su función es levantar las temáticas desde la propia comunidad educativa, y no desde la discrecionalidad de quienes organizan el ciclo: mapear las problemáticas sentidas — la convivencia, el acoso, las dificultades de los estudiantes menores — y dar a conocer el proceso a quienes participarán en él.

La macrofase de implementación asciende por tres escalones deliberativos. Los simulacros son la puerta de entrada de los primeros líderes — estudiantes destacados en lectura crítica, ciencias sociales o filosofía, o simplemente interesados —, donde el formato DEM se ensaya en comisiones reducidas; concebidos al principio como un prerrequisito para hacer bien el ejercicio, hoy son una fase plena del modelo. El modelo a nivel de salón convoca después a todo el curso: allí se forma la cultura participativa elemental — escuchar, pedir la palabra, ser parte del espacio donde se tratan los problemas propios — y se descubren liderazgos que ningún cargo electivo había revelado. El magno evento cierra el escalón: un ejercicio formal y ritual — la vestimenta, el protocolo, el gesto del pacto y del acuerdo social — que reúne a los estudiantes destacados de cada salón en comisiones para producir los acuerdos de propuestas resolutivas (APR) definitivos. El magno evento consolida, además, el reconocimiento — con valor real — de quienes se tomaron el ejercicio de civismo y ética democrática con respeto y responsabilidad, y ofrece el marco solemne que permite llegar a acuerdos reales nacidos de la propia comunidad.

La macrofase de medición, por último, somete lo acordado a la prueba que la participación simbólica nunca enfrenta: verificar, con indicadores, si las soluciones planteadas son viables y si están generando resultados reales. Esta macrofase — no el magno evento — es la que cierra el ciclo: el ritual del gran encuentro anual produce el acuerdo; solo la medición confirma si ese acuerdo se sostuvo (Cárdenas Sepúlveda, 2025a). La medición se acompaña de entregas públicas — reportes e informes divulgados también por las redes sociales del programa. El ciclo, además, se reinicia año tras año: al culminar el magno evento se eligen los cargos de la mesa del año siguiente, y por eso el magno evento no puede realizarse demasiado tarde en el año — debe dejar espacio para medir. Y como la medición está atada a los acuerdos generales y a la convivencia institucional, el Modelo DEM debe estar articulado con el Comité de Convivencia institucional.

El Comité de Garantes y el Comité Organizador

Nada de esto ocurre sin soporte institucional. El Comité de Garantes y el Comité Organizador no son la innovación del Modelo DEM — son las estructuras necesarias para que la innovación se realice, en particular su magno evento. El Comité de Garantes está integrado por el asesor externo, dos representantes de la institución (la rectoría y un representante de los docentes) y dos estudiantes: en el primer año del ciclo, el representante estudiantil del Comité de Convivencia y otro alumno de perfil de liderazgo; a partir del segundo año, uno de esos asientos lo ocupa el Secretario General del Comité Organizador. Este comité avala el plan operativo anual y respalda financiera e institucionalmente el proceso — una función estructural, no protocolaria: el Comité Organizador está compuesto en su mayoría por menores de edad sin autonomía financiera ni administrativa, de modo que sin un cuerpo de garantes que respalde sus decisiones ante la institución, cualquier acuerdo alcanzado en el debate quedaría atrapado en el peldaño de consulta de la escalera de participación (Arnstein, 1969): se escucha al estudiante, pero no se le habilita el respaldo para ejecutar lo decidido.

La figura del asesor externo merece mención propia: idealmente un joven — con frecuencia un exalumno que vivió el modelo —, ocupa una posición neutral e imparcial. La cercanía generacional le da empatía con los estudiantes, y su criterio más maduro le permite no ponerse únicamente del lado de los jóvenes, sino también del de los docentes (Cárdenas Sepúlveda, 2025b).

El Comité Organizador, por su parte, es el cuerpo técnico del ciclo: se estructura en cuatro secretarías. La Secretaría General preside y decide. La Secretaría Académica produce el material de debate. La Secretaría Ejecutiva se encarga de la logística. Y la Secretaría de Prensa y Comunicaciones documenta y comunica el proceso hacia la comunidad educativa. Cada secretaría puede nombrar subsecretarios, de modo que la estructura funciona también como una plataforma de crecimiento y reconocimiento para los liderazgos jóvenes de la institución. Estos cargos no se heredan del gobierno escolar: los designa el Comité de Garantes según los atributos de cada aspirante, aunque el modelo busca deliberadamente integrar a los liderazgos que la institución ya tiene — el personero, el contralor, el representante de los estudiantes ante el Consejo Directivo —, sin que esos roles ocupen los cargos de manera automática. Ese anclaje permite que el modelo arranque con los líderes existentes y que el proceso no dependa de la voluntad de una sola persona ni se extinga al cambiar la administración escolar (Cárdenas Sepúlveda, 2025b).

Ese andamiaje, además, no nació completo: se ajustó con el uso. En su primer año, el modelo se probó mediante un simulacro dirigido por el asesor externo, con estudiantes seleccionados por su perfil de liderazgo reconocido entre pares, antes de escalar al magno evento — la lección fue logística: los permisos académicos, los espacios y los desplazamientos deben planearse formalmente, y no depender de la buena disposición informal de los docentes. Un segundo ciclo identificó un riesgo más serio que el logístico: los propios estudiantes señalaron que los temas debatidos parecían elegidos de manera discrecional. La respuesta no fue cosmética, sino estructural: el rediseño del ciclo en las tres macrofases descritas arriba, con la exploración — los foros — como garantía de que las temáticas nacen de la comunidad y no de quienes organizan el proceso.

La medición y sus instrumentos

La culminación del ciclo DEM no es el magno evento: es la macrofase de medición. El ritual anual produce el acuerdo — el APR —; solo la medición confirma si ese acuerdo se sostuvo en el tiempo. Esta macrofase recoge directamente los hallazgos de la primera etapa del proyecto de investigación del Modelo DEM (Cárdenas Sepúlveda, 2025a): cuatro ejes de evaluación con indicadores verificables, construidos y validados en campo.

Los cuatro ejes de evaluación

Derechos, deberes, cultura democrática, y comunicación y participación son los cuatro ejes bajo los que se evalúa el ciclo, cada uno con indicadores verificables construidos y validados en campo (Cárdenas Sepúlveda, 2025a). La lógica es la misma en los cuatro: no basta con que un acuerdo se haya aprobado en el APR — hay que verificar, con datos y no con impresiones, si ese acuerdo se tradujo en un cambio medible en la vida escolar.

El efecto Hawthorne

La medición sostenida trajo, además, un hallazgo metodológico que no estaba entre los objetivos iniciales del proyecto: el efecto Hawthorne en la gestión estudiantil. El seguimiento sostenido mejora por sí mismo el desempeño de quien se sabe observado (Cárdenas Sepúlveda, 2025a) — un fenómeno documentado originalmente en estudios de productividad laboral, y que aquí aparece aplicado a la gestión de liderazgos estudiantiles. La implicación práctica es directa: medir no es solo verificar resultados al final del ciclo; mientras el ciclo ocurre, medir es también una intervención que mejora esos resultados.

La App Modelo DEM

El ciclo y el formato descritos arriba ocurren, hoy, sobre papel, cronómetros físicos y actas escritas a mano en cada comisión. La App Modelo DEM es la herramienta digital que el proyecto está construyendo para las comisiones en vivo: un soporte que digitaliza — sin sustituir — el trabajo que las secretarías y las delegaciones ya hacen durante el magno evento y los escalones previos.

La App está en desarrollo. Su destino es el subdominio comisiones.modelodem.org; en este sitio puede consultarse ya la página de Comisiones, donde se presenta el propósito de las comisiones que la App acompañará. Este artículo no describe todavía cómo se usa la aplicación: ese artículo, dedicado por completo a su funcionamiento, se publicará cuando la App esté terminada.

Bibliografía

1. Cárdenas Sepúlveda, J. D. (2025b, 1 de agosto). Modelo DEM: una propuesta para fortalecer la democracia en los colegios de Colombia [Ponencia]. XXV Encuentro Nacional de la Red de Grupos y Centros de Investigación Jurídica y Sociojurídica, Universidad del Sinú, Cartagena, Colombia.

2. Cárdenas Sepúlveda, J. D. (2025c, 22 de octubre). Modelo DEM: un laboratorio vivo de ética democrática para la convivencia y la paz [Ponencia]. Encuentro de la Red de Semilleros de Investigación de la Universidad de Santander (Red SIUDES), Cúcuta, Colombia.

3. Cárdenas Sepúlveda, J. D. (2025a, 15 de mayo). Fortalecimiento de la ética democrática y la participación estudiantil a través de la formulación de estrategias didácticas innovadoras para optimizar la gestión de personeros y contralores en las instituciones educativas de Cúcuta [Ponencia de avance de investigación, Semillero de Investigación Antiviolencia (SEMANVI), Universidad de Santander]. XI Encuentro Departamental de Semilleros de Investigación (EDESI), Red Colombiana de Semilleros de Investigación (RedCOLSI), Nodo Norte de Santander, Villa del Rosario, Colombia.

4. Arnstein, S. R. (1969). A ladder of citizen participation. Journal of the American Institute of Planners, 35(4), 216–224. https://doi.org/10.1080/01944366908977225